Escudo de la República de Colombia

“Tenemos una amenaza común”

6 de abril

Por: Mariana Delgado Barón

Desde finales del siglo pasado, y con el fin de la Guerra Fría, ya se había advertido a los Estados sobre el surgimiento de nuevas amenazas a la seguridad. Este cambio de paradigma en las relaciones internacionales estuvo acompañado del protagonismo de las amenazas no tradicionales a la seguridad de los Estados, las comunidades y los individuos. Estas amenazas, que han venido en forma de migraciones humanas, degradación medioambiental, terrorismo, crimen transnacional y pandemias, nos recuerdan la necesidad de que los Estados y el mismo sistema internacional presten mayor atención a los enfoques no militaristas de la seguridad. A raíz de la actual crisis mundial generada por el Coronavirus, conversamos con Gabriel Orozco Retrepo, doctor en Economía y Relaciones Internacionales, analista político y consultor en temas de desarrollo.

 

¿Cómo cambiará el mundo? ¿En qué será diferente?

 

El mundo va a cambiar y en efecto ya cambió porque hay un factor que define la lógica de las relaciones internacionales y es la percepción de amenaza. Si bien es cierto que los Estados habían vivido una relativa tranquilidad y un panorama de certidumbre, inclusive durante la Guerra Fría, el Covid-19 se presenta como una macroamenaza que engloba el mundo. Aquí valdría la pena tener dos referencias, la primera, como lo ha mencionado el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, nos enfrentamos a la mayor amenaza en las historia reciente del sistema internacional. Por otro lado, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, ha hecho referencia en varias oportunidades al mapa de contagios elaborado por la universidad Johns Hopkins y ha mencionado que estamos en la III Guerra Mundial y muchos no se han dado cuenta. Estamos hoy ante una batalla global, tenemos una amenaza común, pero lo distinto de esta amenaza es que no tiene una forma de presentación convencional. Además, los Estados no estaban preparados para un enemigo como esta pandemia. Esto implica que los Estados no han logrado prepararse plenamente ante esta amenaza y esto ha transformado su manera de actuar. En este sentido, el mundo cambia de una manera radical,; no solamente cambia la forma en que vemos las amenazas, sino también la forma de estructura del poder. Por ejemplo, la lógica de comunicaciones se va a alterar, así como la lógica de interacción humana y esto implica que estamos en un cambio de estructura y de agentes, y por lo tanto, de un cambio de sistema. Estamos ante una nueva realidad, ante un nuevo orden internacional producto de una pandemia y parte de este orden se va a configurar en función de cómo será el acomodamiento de los Estados al mismo.

 

¿Cómo han reaccionado los Estados ante la pandemia del Covid-19? ¿Han tenido una respuesta adecuada?

 

Si bien se identifica que la pandemia se inicia en Wuhan y que a grandes rasgos es producto de la presión demográfica sobre el medio ambiente, y más específicamente, es producto de la mutación de una proteína de un animal silvestre, como el murciélago, que en los mercados se transmite al hombre, lo cierto es que China ya había vivido un momento de epidemia parecida al Coronavirus. El SARS, presente a comienzos de este siglo, ya le había dado cierta experiencia a China de reaccionar y gestionar este tipo de problemáticas. Es paradójica la situación de China, porque muchos países como Singapur, Japón, Corea del Sur, tienen mucha desconfianza hacia China por este tipo de mercados, por el manejo de la epidemia y porque no lo ven como un Estado transparente. En diciembre de 2019, la OMS alerta sobre un nuevo brote de epidemia respiratoria y lo que hacen los Estados circundantes es cerrar rápidamente sus fronteras, hacer más controles y comenzar a establecer estrategias porque no creen que China vaya a contener esto. Pero no así el resto de países, que restaron importancia, minimizaron la pandemia y no le creyeron a la OMS. El sistema internacional, en términos de sus instituciones, reaccionó de una manera rápida, pero los gobiernos no reaccionaron de esa misma manera, en parte debido a las modificaciones de algunos de los patrones de la globalización. Los ejemplos del Brexit en Inglaterra y las consignas de America First de Donald Trump son una vuelta a políticas más nacionalistas, que llevaron a que la gente considerara que podía tener más control de su país y de sus fronteras y que lo que estaba pasando en China era una alerta llamativa, pero no era un peligro. Hasta que el virus comienza a propagarse en Europa y a mostrarse como una gran amenaza, el resto del mundo logra darse cuenta de la gravedad de la situación.

 

¿Salen bien libradas las democracias en este escenario de pandemia?

 

Muchas de las democracias occidentales no logran, en términos políticos, poner unos temas prioritarios en la agenda pública para mitigar la afectación por el Coronavirus. Tomemos por ejemplo la marcha del 8 de marzo en España. Para esta fecha España ya tenía unos grados de contagio significativos como para que se hubiera decretado la cuarentena. Con todo y eso, el partido del gobierno, el PSOE, junto con Unidos Podemos, promueve una manifestación a favor de los derechos de la mujer y de la equidad de género, que convoca a una gran cantidad de población y que muestra que tuvo un gran impacto en el nivel de dispersión y expansión del virus. Esto tuvo una incidencia importante en la crisis que vive actualmente España porque el gobierno no dimensionó el problema. Algo parecido pasa en Estados Unidos, en donde no se ha impuesto una cuarentena obligatoria. Las democracias han demostrado muy poca capacidad de reacción y una baja capacidad de maniobra al momento de contener y enfrentar este nuevo orden mundial. Esto tiene que ver con los niveles de aceptación y legitimidad que buscan los gobiernos para impulsar determinadas políticas. Las democracias están cimentadas en una idea de respeto de derechos humanos que es contradictoria con políticas de emergencia o con coacción de libertades que se creen intocables. En este sentido, para los Estados democráticos es difícil lograr políticas extremas frente a unas amenazas que no se habían tenido en los últimos 70 años, desde la II Guerra Mundial. Esto implica que hay un mayor riesgo sobre la vida de las personas, pero paradójicamente, la solución a todo esto viene también de la mano de una mayor cooperación internacional. Es cierto que la pandemia se expande y se propaga, pero hoy por hoy, la globalización tiene que permitir las soluciones en términos de cooperación. Si bien en China nació el foco del brote, y a pesar del manejo que se le ha dado a las cifras, este país se ha convertido en un agente clave de cooperación internacional para poder paliar y atender determinadas situaciones como proveer insumos médicos y personal capacitado. Aquí vemos que los Estados que van a salir más fortalecidos y más posicionados van a ser aquellos que logren salir más rápido de esto y más rápido establezcan mecanismos de cooperación. Estados Unidos está rezagado en esta carrera por frenar el avance de la pandemia, en parte por los mismos problemas que presenta su sistema de salud. Algunos analistas y estadísticos han señalado que el número de muertes, por cuenta del Covid-19, en este país puede llegar a ser de millones. Esto significa que EE.UU. ya no tendrá la posibilidad de volver a su normalidad, sino que es posible que esto resquebraje los cimientos de su economía, muy seguramente no va a contar con el capital humano para respaldar su desarrollo. Y esto también va a mostrar el cambio que se viene produciendo en las relaciones internacionales, ya no va a ser con los mismos patrones de la lógica capitalista que venía representando EE.UU. ¿Hacia dónde nos dirigimos? Todavía es muy pronto para decirlo, pero lo cierto es que asistimos a un nuevo escenario internacional.

 

Bien vemos que Estados Unidos se está “rajando” en el manejo que le está dando a la crisis producida por el Covid-19 ¿Qué países sacan la cara al enfrentar esta pandemia?

 

Los primeros países que están mostrando una reacción eficaz y que han logrado contener la crisis son por ejemplo Singapur, que ha demostrado una capacidad de contención alta; Corea del Sur, que ha desplegado una estrategia integral de cerco epidemiológico y de control de su población, con sus servicios médicos al servicio de la contención. Si bien China ha sido el gran causante de esta situación, también es cierto que hace parte de la solución. En Europa la situación es muy variada y diversa, por ejemplo el número de muertes en Alemania todavía es muy bajo, hay dudas sobre el manejo de las cifras en este país, pero no se puede negar que tomó medidas prontas para el manejo de la contención de la pandemia. Por otro lado, en el contexto latinoamericano, es de destacar la estrategia de El Salvador, el gobierno ha hecho un cerco epidemiológico y clausuró rápidamente los vuelos internacionales y ha implementado políticas más agresivas para la mitigación de la pandemia. El caso de Argentina es el que más alivios económicos está transmitiendo a su población y rápidamente tomó medidas de contención. En el caso colombiano, que al comienzo del manejo de la crisis hizo evidente la tensión entre los gobiernos locales y el nacional, se está dando un manejo de contención que considero adecuado. Hay que tomar con pinzas las diferencias en el sistema de salud de estos países. Aún estamos en una fase previa de la curva en los países de América Latina.

 

Esta pandemia nos ha demostrado la vulnerabilidad de la humanidad y también nos muestra las fallas y vulnerabilidades de un sistema ¿cuáles son esas grandes grietas que estamos viviendo y qué es necesario corregir o cambiar?

 

Una muy importante es el sistema de información y la capacidad de transmisión de información para que se convierta en política pública. Desde enero, la OMS venía advirtiendo de la gravedad del Covid-19 pero los gobiernos no estaban haciendo suficiente caso. El problema de esto es que el sistema internacional ha priorizado las amenazas de corte tradicional o las relacionadas con enfrentamientos convencionales y en la medida en que no asuma una visión multidimensional de las amenazas, no le dan un grado de relevancia. Centros de pensamiento de varias instituciones habían advertido de la importancia de prepararse ante las pandemias, dados los antecedentes como el SARS, pero el tema no se logró posicionar en la agenda de los Estados para que estuvieran preparados. Si en el sistema internacional se hubiera tomado en serio el riesgo de estas amenazas no convencionales, tal vez la respuesta hubiera sido más oportuna y el nivel de contención del Coronavirus sería más adecuado, tendríamos menos muertes y tendríamos más fábricas preparando insumos médicos en acción coordinada. Vemos la necesidad de un sistema internacional más integrado en sus políticas. Cuando tenemos un lenguaje común, cuando enfrentamos juntos una macroamenaza, es posible lograr cosas. Con las estrategias de contención y mitigación es posible que se cumpla con algunos de los objetivos del milenio relacionados por ejemplo con ciudades sostenibles, con el respeto del medio ambiente, con factores relacionados con la cuarta Revolución Industrial o con tecnología e información al servicio del ser humano. De la mano de eso van a venir las respuestas y soluciones a esta amenaza. Todavía hay un margen de maniobra de la gobernanza global y esto representa una oportunidad para una mayor cohesión internacional.

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