Escudo de la República de Colombia

“La coca es una opción rentable”

30 de marzo

Por: Mariana Delgado Barón

El número 97 de la revista Análisis Político está dedicado a los conflictos cocaleros, conversamos con María Mónica Parada, coautora del artículo “Mujeres y coca: Una relación agridulce” sobre la participación de las mujeres en esta economía agraria.

 

¿Cuál es la situación socio-económica de los cocaleros?

 

El trabajo que hemos realizado con el equipo del profesor Francisco Gutiérrez está focalizado en unas regiones. Se pueden señalar algunas generalizaciones, pero los contextos pueden ser muy variados. Puedo comentar algunos aspectos de Puerto Asís y de la región del Catatumbo. Allí hay poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes que buscan ser tenidas en cuenta por el Estado colombiano en las políticas de desarrollo alternativo, incluyendo las políticas de sustitución que surgieron del acuerdo de paz y que hoy vemos que están apagadas. Incluso, hay un esfuerzo de parte del gobierno por terminar estas políticas de sustitución. En estas regiones realizamos una encuesta y allí encontramos que la población campesina es muy diversa. No se puede decir que toda la población campesina es necesariamente pobre, pero sí encontramos una gran mayoría que no tiene acceso a servicios públicos básicos como electricidad, agua potable, o telecomunicaciones. Es decir, hay unas poblaciones que están en una situación de vulnerabilidad que deberían ser atendidas por el Estado de manera prioritaria y son poblaciones que están vinculadas con el cultivo de la hoja de coca en las primeras fases de la cadena productiva. Algunos se insertan de forma más sofisticada, pero en general vemos campesinos que están dedicados al cultivo de una planta y que de ese cultivo no solo sacan una producción económica, sino que también son mano de obra, eso hace que haya unos mercados informales agrarios que dan el sustento para muchas de las familias que se dedican a estos cultivos. Estas personas están organizadas, tienen vínculos muy fuertes con organizaciones comunales, especialmente con las Juntas de Acción Comunal, esto nos muestra que no trabajan de manera aislada en los cultivos, sino que están en coordinación; además, lo que se saca de los cultivos también permite la dotación de bienes públicos. Encontramos en algunas veredas, comunidades que han construido vías, puentes, casetas comunales, debido a las rentas que genera la coca. Vale decir que si bien los cocaleros tienen ingresos, estos también son modestos, a algunos les va mejor, pero en general el campesino cocalero no se enriquece con estos cultivos. No obstante, sí hay un avance social que les permite a estas personas acceder a bienes que por otras vías no sería posible como salud y educación. Muchas de estas personas priorizan la inversión de sus recursos, que provienen de la coca, para la educación de sus hijos en colegios y universidades privadas. Es una economía rentable, que no hace al campesino rico.

 

¿Cómo es la inserción de las mujeres en esta economía cocalera?

 

El impacto que genera la economía cocalera en la vida de las mujeres es alto. Usualmente los informes señalan las vulnerabilidades asociadas con la condición de género que pone a las mujeres en una situación de mayor vulnerabilidad por estar en contextos violentos, en donde operan diferentes estructuras armadas legales e ilegales. Encontramos en la economía cocalera mujeres que participan de manera activa en esta economía, no son sujetos pasivos, participan directamente. La economía cocalera tiene unas condiciones favorables para la inserción de las mujeres en el mercado laboral y en las posibilidades de que sean ellas mismas dueñas de cultivos. Por sus mismas características, la producción de coca se puede hacer en pequeñas parcelas; un cultivo rentable se puede cultivar en media hectárea o en una hectárea.  Las mujeres tienen una posibilidad de decisión sobre los recursos que ellas mismas gestionan y también se involucran en otros eslabones de la cadena como en la recolección de la hoja, en la cocina, esto hace que reciban un jornal diario. Cuando las mujeres tienen acceso a recursos propios, es decir cuando tienen autonomía económica, lo que nos muestran otros casos nacionales e internacionales, es que hay una reducción de la violencia. La posibilidad de que estas mujeres entren a una comunidad agraria, aunque ilícita y riesgosa, desmonta el mito de que las economías agrarias son del ámbito de los hombres. No obstante, el Estado sigue actuando desde esa concepción, y se ve a las mujeres como modelos pasivos de la producción agraria.

 

¿Existe una división de roles entre hombres y mujeres que participan en esta economía cocalera? ¿es una participación equitativa?

 

Todavía no se ha hecho una historia de los roles de género en el mundo campesino y allí hay una deuda muy grande de las ciencias sociales. Hay informes y algunos trabajos importantes, pero no son actuales. Está pendiente hacer ese estudio de los roles de género. Encontramos que las mujeres son reconocidas por los hombres como sujetos activos y las mujeres también lo sienten de esta forma. Ellas mismas buscan sus ingresos, los insumos, una parcela, y así han podido invertir para cuestiones como salud  privada. Puede que en el mundo cocalero exista una distribución más equitativa de las cargas productivas, sin embargo las mujeres sí continúan asumiendo todas las actividades de cuidado. La economía cocalera puede resultar siendo beneficiosa para las mujeres porque les permite un uso autónomo del tiempo. Hemos encontrado que las mujeres que participan de esta economía están en una condición económica mucho mejor que otras mujeres del campo que se dedican a otras actividades, e incluso, su situación es similar a la de algunos hombres que participan en esta economía.

 

Con el programa de sustitución de cultivos bajaron los ingresos de las mujeres ¿Por qué?

 

El problema de la política de sustitución de cultivos tal y como fue diseñada es que está programada para dar ingresos menores a los que recibe una persona por la coca. La coca les permite ingresos más altos. Cuando las mujeres entran al programa de sustitución de cultivos, lo que se esperaba por parte del Estado es que actuara de manera más rápida para establecer economías productivas comercializables con un producto que saliera al mercado con un comprador fijo, para que el impacto de perder los ingresos de la hoja de coca no fuera tan alto, pero eso no pasó. Para muchas de estas mujeres esto ha sido un retroceso en términos económicos, algunas tuvieron que migrar a otras actividades y otras comenzaron a depender de los ingresos de sus esposos que comenzaron a trabajar en petroleras. La mujeres perdieron una fuente económica que les permitía estar seguras ante situaciones de violencia, por mencionar un ejemplo. Muchos de los proyectos productivos no prosperaron, entonces ¿qué puede hacer la gente? Volver a cultivar coca, que es una opción rentable. Ahora, la respuesta del Estado no es la sustitución, es la erradicación forzada con todo lo que eso implica.

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