Escudo de la República de Colombia

La geopolítica actual goza de una muy buena salud

1 de octubre

Por: Mariana Delgado Barón

 

El pasado 1 de octubre se llevó a cabo la conferencia “La tormenta perfecta: economía, geopolítica y nuevos armamentos”, evento inaugural de la XX cohorte de la Maestría en Estudios Políticos a cargo de Isidro Sepúlveda, profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Conversamos con el profesor Sepúlveda sobre la geopolítica actual, el papel de las grandes potencias en la configuración de esta geopolítica, y el lugar de Europa y América Latina en la misma.  

 

¿Cuál es el estado de la geopolítica actual?

 

La geopolítica actual goza de una muy buena salud, lo que es una muy mala noticia para el conjunto del mundo. Cuando la geopolítica no tiene trascendencia significa que la situación está calmada y que no hay grandes movimientos de poder. Cuando la geopolítica tiene importancia es porque el poder está siendo dividido o disputado y puede haber víctimas de esa disputa. En este momento, por desgracia, no tenemos la historia de Suiza, sino la historia de muchos países de América Latina, una historia muy agitada, muy viva y con enorme fuerza. Hoy la geopolítica tiene más importancia que la que tenía hace treinta, cincuenta y ochenta años.

 

¿Cómo se sitúan las grandes potencias como Estados Unidos, China, Rusia en este escenario?

 

Se sitúan en un escenario absolutamente desdibujado, sin reglas de juego pactadas, sin un mapa de ruta definido y con una enorme incertidumbre ante el cambio que se va a producir. Este cambio puede tardar más o puede tardar menos y será de proporciones históricas porque implicará la transferencia del eje de poder mundial. En la antigüedad este poder estaba en el Mediterráneo, en las distintas civilizaciones mediterráneas. En la modernidad, este poder estuvo vinculado al eje Atlántico y el siglo XX ha sido el siglo de Estados Unidos. Pero en el siglo XXI el eje se mueve hacia Asia y esto pone en jaque a las instituciones internacionales en donde estos países están infrarrepresentados, pero sobretodo pone en jaque el reacomodo de las antiguas potencias. Vamos a ver si EE.UU. tiene la capacidad para desempeñar el papel que desempeñó Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial o trata de dar la vuelta a la situación y conseguir que el siglo XXI sea el siglo americano. Rusia está tratando de ocupar, aún de una forma simbólica, el papel que jugó durante el periodo de la Unión Soviética, teniendo en cuenta que para el ciudadano ruso y para el intelectual ruso, en este momento, el periodo soviético es una parte más, una etapa más de la larga historia de la “madre Rusia”. Da igual que sea un monarca, un secretario del PECUS o un presidente de la república el que está al frente de la madre Rusia y hay que apoyarle porque eso va en beneficio de la madre Rusia. Las potencias que en realidad tienen el siglo XXI de cara son las asiáticas, fundamentalmente China y la India. Hay que tener en cuenta que en el siglo XXI el peso de la demografía humana ha cobrado una enorme trascendencia y estos países han sabido convertir las antiguas bocas, que sólo comían, en manos que ahora producen. No solamente van a ser las primeras potencias industriales, sino que serán las primeras potencias demográficas, y juntas suponen un tercio de la humanidad y si les sumamos los países del Sudeste Asiático, se contabiliza la mitad de la humanidad.

 

¿Cómo se sitúa Europa en ese escenario?

 

Europa ha padecido una enfermedad de identidad y de crecimiento. El proyecto europeo es algo que está en construcción, la definición de Europa es una casa en permanente construcción. Ha habido problemas, y en este momento el proyecto europeo enfrenta tal vez uno de los desafíos más importantes que es el abandono de un Estado miembro y un Estado importante como lo es Gran Bretaña. Pero Europa se encuentra en una brillante y también triste tesitura. Por una parte, tiene vocación  de convertirse en un parque temático artístico, turístico para el resto de la humanidad, y por otra parte quiere reverdecer laureles y seguir figurando, manteniendo, ostentando, al menos de una forma simbólica, una primogenitura dentro de la civilización occidental. En esa tesitura también nos estamos perdiendo. Todavía es una gran potencia, en términos absolutos, pero si Asia tiene una virtud demográfica, Europa tiene un pecado demográfico, somos cada vez menos y salvo la bomba migratoria africana es bastante difícil que sobreviva Europa dentro de 50 o 100 años como la conocimos hasta la actualidad. 

 

¿Qué se puede decir de América Latina?

 

América latina juega un papel viciosamente segundario. América Latina, con todas sus potencialidades, sus promesas, sus planes aplazados, durante al menos 15 años jugó un papel internacional, con una voz más o menos visible, incluso con la plasmación de un proyecto común. Hoy ese proyecto ha desaparecido, las voces son minúsculas, incluso el ejercicio del liderazgo regional, que recayó en Brasil, está dejado de lado. En consecuencia, América latina en este momento ejerce un papel tristemente secundario en el escenario internacional, a pesar de las capacidades y las posibilidades que tendría de posicionarse con una voz propia. Mientras el nacionalismo, el populismo y las diferencias internas fragmenten la comunidad latinoamericana va a ser difícil que eso cambie, fundamentalmente porque no hay unidad, no hay liderazgo y no hay interés.

 

Usted ya mencionó el tema de los migrantes africanos que están llegando a Europa, eso sumado a la caravana de migrantes centroamericanos que ha llegado a los Estados Unidos, más la crisis medioambiental, más la dinámica de la economía global pintan un escenario difícil ¿Esto es un reflejo de qué?

 

Es un reflejo de tres causas de enorme calado. La primera es lo que pedagógicamente de una forma reduccionista denominamos globalización, que tiene que ver con la economía, pero también con otras cosas que no son estrictamente de esa esfera y que es la propia multiplicación de movilidad humana. En este momento es mucho más sencillo para las masas importantes de la población mundial moverse de país que hace 20 o 40 años. Vinculado está el hecho de la comunicación global, en este momento todo el mundo sabe cómo se vive en todo el mundo y en consecuencia todo el mundo quiere vivir mejor. Hay una tensión entre lo que puedo perder intentándolo y lo que puedo conseguir si lo logro, cuando menos se tenga que perder, más grande es la tentación de buscar mejores situaciones. En consecuencia, la migración es un fenómeno que sólo va a crecer, no se va a mitigar. Por otra parte, el muy desigual reparto de la riqueza tanto de unos países como con otros, como al interior de algunos países entre unas clases y otras . El ideal de un mundo en paz, justo y ecuánime, está dando paso a una legitimación de las diferencias, una disputa de los privilegios y una oposición a la pérdida del bienestar. En consecuencia la inequidad crece, las diferencias de riqueza también lo hacen, no nos podemos extrañar de que los que menos tienen que perder traten de revertir esta situación y consigan de una forma u otra alcanzar sus objetivos.

 

¿Cuáles son, hoy en día, los grandes riesgos a la seguridad humana?

 

El primero es el cambio climático y es demasiado grande para la nimiedad de los gobiernos nacionales. Hoy se evidencia hasta qué punto los gobiernos nacionales significan muy poco para los grandes problemas como el calentamiento global o el cambio climático, o para el problema de las migraciones, para el problema del monopolio del mundo financiero, que no responde a países o a intereses estrictamente económicos. Incluso el propio crecimiento de las pandemias, motivado por el transporte de las mercancías y de los humanos ha hecho que las enfermedades que eran desconocidas en un lugar ahora aparezcan en otro y ahora las que ya considerábamos que estaban en el pasado vuelvan a reverdecer. Esos son los grandes desafíos, hay otros que hay que tener en cuenta como el fácil ejercicio de la violencia, tanto política como económica, tanto en la búsqueda de algunos objetivos más o menos ideológicos o políticos o en busca de un beneficio estrictamente económico. La situación actual hace que cualquiera que tenga el propósito de armarse pueda hacerlo, además las armas son mucho más baratas. Más allá del ejercicio de la violencia, hay un peligro de fondo que es el crecimiento de la irracionalidad, estamos dando la vuelta al siglo XVIII y el triunfo de la razón está retrotrayéndose al triunfo de la creencia, de la fe, de la visión personal y el sentido común desaparece, no a nivel personal, sino en amplias capas sociales a escala global. El uso de las tecnologías, de la publicidad en las redes sociales, está haciendo obcecarse a amplias partes de las sociedades actuales, en todos los países, sobre unas creencias que no tienen ninguna base razonable. Lo más grave es hasta qué punto esta irracionalidad alcanza la clase política y como el buen gobierno desaparece por la experimentación de un lado o de otro o la defensa de intereses espurios, de clase o de sistema. Esto es un gran obstáculo para enfrentar los enormes desafíos que tiene la humanidad en este momento.

 

¿Se refiere a los fundamentalismos religiosos, políticos, entre otros?

 

No solamente a los fundamentalismos, Trump no es fundamentalista, es simplemente alguien que no sabe qué es el mundo político y que gobierna el país más poderoso del mundo como si fuera una empresa y para el cual las leyes tienen muy poca importancia. Trump se maneja como un mafioso y eso ha quedado de manifiesto en las últimas grabaciones, no solamente con el presidente de Ucrania, sino con otros presidentes y por supuesto con sus subalternos e igual podríamos hablar de otros máximos dirigentes que piensan que su voluntad tiene que ser esculpida en letras de bronce o tiene que ser grabada en mármol o granito, cuando es la voluntad de los pueblos la que debe ser grabada.

 

Ya que menciona el tema de Donald Trump ¿Es posible que el presidente de los Estados Unidos sea destituido a raíz del suceso con el presidente de Ucrania?

 

Todavía no ha triunfado ningún impeachment en la historia de EE.UU., es un arma muy poderosa que tienen, lo evidencia hasta qué punto la división de poderes se mantiene, aunque ha sido muy dañada en las últimas décadas, pero los republicanos tienen mayoría en el senado, ya veremos si hay una fractura en el Partido Republicano, estamos en los primeros pasos de la campaña electoral. Todo el mundo pensaba que Trump no iba a ganar la nominación republicana y la ganó, nadie pensó que fuera a ser presidente de los EE.UU. y lo fue, ahora se piensa que hay motivos sobrados para que no ocupe el espacio oval de la Casa Blanca, pero la historia no obedece a la razón, obedece a otras leyes y voluntades que no tienen mucho que ver con esta. Pero no hay que enfocarse exclusivamente en lo que está ocurriendo con el presidente Trump, Gran Bretaña está dentro del ejercicio de esquizofrenia, hasta hace relativamente poco tiempo los británicos dentro del conjunto europeo era el pueblo sensato, el pueblo con pies de plomo, el pueblo que ponía la razón de Estado por encima de cualquier otra situación y en este momento vemos hasta qué punto la irracionalidad, incluso la ignorancia, campan por sus respectos, incluso sabiendo que va a dañar el país si se mantienen con esa idea de salir de la Unión Europea. Hay otros ejemplos como el de Turquía, el de Israel, la forma como ha acabado aquella promesa de la Primavera Árabe y la realidad invernal en la que ha sumergido buena parte del mundo islámico o sin ir más lejos la propia inestabilidad política de España, que tiene que ver con este ejercicio político irracional que ahora es moneda común. 

 

Aparte de este triunfo de la irracionalidad, como usted lo señala ¿Queda alguna otra gran amenaza a la seguridad internacional?

 

Más allá de los fundamentalismos, no solamente religiosos sino también nacionalistas, nos encontramos con la gran amenaza, extendida en Asia y en los países subsaharianos en África y es la mayor amenaza en América Latina, el crimen organizado transnacional que no es mera delincuencia, no tiene que ver solo con el tráfico de drogas, es algo más amplio, más complejo y tiene unas consecuencias para la seguridad del Estado.

 

¿Cómo se sitúa Colombia en la región?

 

Hay que ver cómo está la región. Si damos un rápido repaso vemos que en este momento América Latina, en su conjunto, está mucho peor de lo que estaba hace diez, veinte o treinta años. Desde las transiciones democráticas y los crecimientos económicos de los años noventa, en este momento es el peor escenario. En México la gran esperanza de AMLO se ha convertido en una frustración porque el mayor desafío que tiene México, que es la lucha contra la delincuencia organizada, la está perdiendo, y no lo está haciendo de cualquier manera, lo está perdiendo peor que los presidentes anteriores que ya lo perdieron de una forma catastrófica. Si vemos lo que está ocurriendo en Centroamérica, en lo institucional hay una erosión permanente de las bases de las instituciones nacionales corroída por las organizaciones delincuenciales y la corrupción. Y esto ya no es una cuestión de los estados del triángulo del norte, El Salvador, Honduras, Nicaragua esto llega con mucho peso a Costa Rica y a Panamá en donde hay oficinas de los grandes carteles internacionales no sólo de América Latina, sino también de Medio Oriente, de extremo Oriente y los rusos, que son carteles muy potentes de la delincuencia global. Si vemos cómo está Venezuela, no hay mucho más que añadir a la situación, pero qué es lo que está ocurriendo con quien debería ser el líder de la región que es Brasil, allí hay una pérdida de la idea de país y de la idea de la situación del país a escala internacional. Tampoco hay mucho que añadir a la situación de Argentina, que está al borde de un corralito. Los países andinos no pasan por su mejor momento, Bolivia está atrapada en la tesitura del mantenimiento de Evo, Perú con un presidente que no tiene parlamentarios para aprobar su legislatura y con tres presidentes presos y uno suicidado. Ecuador en una situación de gran inestabilidad. ¿Cómo está Colombia? A nivel internacional el peso de Colombia es significativo a escala regional, a escala global significa relativamente poco por dimensión demográfica y por dimensión económica. Por desgracia Colombia cuando ha llenado de titulares los periódicos del mundo no ha sido por buenas noticias, en consecuencia, así es mejor no estar en los titulares y tener un desarrollo tranquilo. Dábamos por cerrado este terrible episodio del conflicto con las distintas guerrillas, fundamentalmente con las FARC, aún sabiendo que las FARC ya eran un negocio del narcotráfico y que buena parte de ese negocio no iba a cerrar por beneficios políticos, sino que iban a mantenerse los beneficios económicos, pero la huida de ciertos comandantes fue un paso suicida hacia el pasado y que está condenado al fracaso y que va a hacer daño y que frena la entrada de inversiones al país, había una cantidad de inversiones que estaban paradas, a la espera de la desaparición de la marca FARC. Colombia ha dado un paso extraordinario en los últimos veinte años si vemos cómo estaba el país en 1999, el país estaba en una situación complicada, con planes militares de protección de la capital, a como está ahora, vemos lo bien que se ha hecho, cómo se ha crecido, en ocasiones a consecuencias del buen gobierno, en otras ocasiones a pesar de él. En este momento se está desaprovechando el tiempo, sin lugar a dudas. Si vemos el panorama general de América Latina, Colombia está bien, a pesar de que los colombianos no tengan esa impresión, pero desde fuera se ve claramente, que puede estar mejor, sí, que puede estar peor, por desgracia también.