Escudo de la República de Colombia

“Estamos en duelo, pero no nos hemos dado cuenta”

16 de septiembre

Tuvimos la oportunidad de entrevistar a Karen Arteaga, Directora de Rodeemos el Diálogo, una red transnacional conformada por colombianos y extranjeros que apoyan la solución negociada a los conflictos armados. Conversamos con Karen sobre la importancia de los acuerdos de paz logrados entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la antigua guerrilla de las FARC.

 

Por: Mariana Delgado Barón

 

¿Qué es Rodeemos el diálogo? ¿Cómo nace la idea de crear esta apuesta desde la sociedad civil? ¿Quiénes hacen parte?

 

Rodeemos el diálogo es una red transnacional, no partidista, de colombianos y amigos de Colombia. Esta iniciativa surgió como una idea de varios colombianos que estaban en ese momento estudiando diferentes posgrados en Londres que se enteran que hay una apertura de la mesa de negociación con la guerrilla de las FARC. Rodeemos el diálogo nace entre septiembre y octubre de 2012, cuando iniciaron los diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Estos colombianos comenzaron a hacer diferentes tertulias y a organizar otros espacios informales para conversar acerca de estas negociaciones y para identificar qué hacer, como sociedad civil, frente a los diálogos de paz. Varios de los fundadores regresaron a Colombia y se empiezan a crear esos espacios en Bogotá, siempre alrededor de un tema distinto que contribuía a lo que se estaba hablando en La Habana en ese momento, de ahí surgen los “desayunos de paz”, que los seguimos haciendo todos los sábados de 9 a 11 en un restaurante de Chapinero. Llevamos más de 250 desayunos, más de 250 oportunidades para conversar alrededor de los temas de construcción de paz. En ese momento nos planteamos dos objetivos: apoyar una solución negociada para la salida del conflicto armado en Colombia desde la sociedad civil y apoyar una solución negociada al conflicto con el ELN, y por otro lado, aportar a la construcción de paz, fortaleciendo una cultura de diálogo. A partir de esos dos objetivos se han desprendido varias actividades que buscan cumplir esos dos pilares que tenemos.

 

¿Cómo pueden los distintos sectores de la sociedad rodear el diálogo, la negociación y apostar por la construcción  de paz en el país?

 

Desde nuestra experiencia en redes hay algo fundamental que es el encuentro continuo. Los desayunos pueden parecer un detalle mínimo, pero ese espacio de encuentro con personas que piensan distinto, transforma por completo la visión que se pueda tener sobre diferentes temas e incluso sobre la forma como nosotros nos relacionamos en la vida cotidiana. Todos nuestros espacios de diálogo son espacios horizontales, que propenden por conocer desde un lado más humano a las personas que están allí sentadas y por eso buscamos que no sean más de 25 personas en cada encuentro. Encontramos allí varios aspectos: tener un diálogo intergeneracional, que haya hombres y mujeres, personas con ideologías diferentes y al entrar en contacto con esto nos damos cuenta que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

 

¿Cuáles consideran ustedes que son los principales mensajes que se derivan de este acuerdo de paz?

 

Una apuesta que nosotros hemos hecho es la posibilidad de ponernos de acuerdo sobre los puntos en común. Si miramos de forma integral los acuerdos, estos son una deuda que se ha tenido con el país en general. La forma de llegar a esos acuerdos pone por encima de los egos personales la centralidad de las víctimas y la necesidad de saldar una deuda histórica con la ciudadanía. Por ejemplo el tema de la reforma rural integral, el punto de participación política y el punto de víctimas, no son acuerdos de condescendencia o de cesión del gobierno o de las FARC hacia un lado u otro.

 

¿En qué radica la importancia del acuerdo de paz logrado con la guerrilla de las FARC? ¿Por qué fueron importantes estas negociaciones? Esta puede ser una pregunta obvia para quienes apoyaron los acuerdos, pero no tanto para quienes tienen dudas sobre el mismo

 

Nos ha faltado mucha más pedagogía y ponernos en los zapatos del otro, de aquellos que aún hoy se encuentran en oposición a lo que fue el acuerdo. Hay varias cosas, la importancia de este acuerdo es que no fue una cesión de beneficios por parte del gobierno a las FARC, pero este ha sido un o de los mensajes errados que se han enviado a la sociedad. Por otra parte, que las víctimas sean el centro del acuerdo es fundamental, además quienes ganamos con este acuerdo somos los ciudadanos en general. Hay algo que parece obvio, pero no lo es, y es la solución negociada al conflicto armado. El gran logro de obtener un acuerdo, que tiene deficiencias, es el hecho de haberse sentado a negociar, de ponerse de acuerdo en algunos puntos y pensar que la eliminación del otro no es el camino para solucionar un conflicto. Desde la experiencia no sólo de Colombia, sino a nivel comparado, no podemos seguir pensando que la violencia es un camino para solucionar el conflicto, eso sólo genera nuevos ciclos de violencia y de venganza. Que después de más de 50 años de conflicto entre las FARC y el Estado se hubieran puesto de acuerdo, es muy importante, y deja un mensaje para los otros grupos armados ilegales e incluso para una parte de la sociedad en la que impera una salida violenta. Hay formas pacíficas de solucionar los conflictos.

 

Los grandes pilares del acuerdo son la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición que le dan un lugar central a las víctimas del conflicto armado ¿Por qué es importante conocer esa verdad de lo que pasó y de lo que sigue pasando? ¿La sociedad colombiana está preparada para conocer esa verdad?

 

Esta es una de las discusiones centrales que se está dando en este momento con todo el tema de la Comisión de la Verdad y del trabajo que durante muchos años hizo el Centro Nacional de Memoria Histórica. Es fundamental conocer la verdad, no sólo para las víctimas, sino para los ciudadanos, para el país. La mayoría de los errores que hemos cometido como ciudadanos es la indiferencia y ahí nuestra falla ha sido por omisión. El reto es poder sensibilizar a un grueso de la población que desconoce esa verdad. Siento que estamos en duelo, pero no nos hemos dado cuenta. Una de las herramientas que tenemos para abordar este reto es la pedagogía. Nosotros que hemos venido realizando pedagogía para la paz o resolución de conflictos, nos hemos dado cuenta que conocer la historia del conflicto es transformador para las personas. Sin embargo y lastimosamente, cuando vas a los colegios es evidente que la historia reciente no se enseña.

 

¿Qué ha sido lo más difícil de la implementación de los acuerdos?

 

La forma en que se ha manejado la opinión pública alrededor de la implementación y la legitimidad que eso ha desencadenado a partir de esa opinión pública. Los medios de comunicación también tienen un rol allí, de generar un apoyo a la labor que está realizando la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas. Hay dos cosas, el tema de la opinión pública negativa alrededor de la implementación del acuerdo enmarcada en estas tres grandes instituciones que crea el acuerdo ha generado mucho ruido en la ciudadanía, al prolongar esa opinión que se ha hecho de que eso no va a funcionar. Por otro lado, lo más difícil ha sido quitarle el apoyo presupuestal a estas instituciones para que puedan operar. La disminución del presupuesto para estas tres instituciones tampoco ha permitido que el acuerdo se pueda implementar de la manera que estaba planteado, si esto sucede no se le puede pedir a las instituciones que cumplan cuando estas no tienen las herramientas para hacerlo.

 

Teniendo en cuenta ese panorama, sumado a la falta de una pedagogía para enseñar esta historia reciente en los colegios, nos preguntamos si estamos preparados para reconciliarnos y si no ¿Qué nos falta?

 

Allí hay un debate muy grande, sin duda hay cosas que nos hacen falta. Cuando se revisan las experiencias internacionales, hay un aspecto esperanzador y es que en Colombia se han dado muchos pasos, en un tiempo relativamente corto, que también se debería ver de manera diferenciada en las regiones. Los espacios de encuentro son muy valiosos en los procesos de reconciliación que se están dando en las regiones, allí también se ve la resiliencia de las comunidades y de las personas. Estos espacios permiten el reconocimiento del otro como persona. En el momento en el que los colombianos entendamos que el otro es un ser humano que siente se podrá dar un verdadero proceso de reconciliación.